miércoles, 13 de enero de 2010

¿Qué pisé? ¡¿Qué pisé?!

De la nada, me acordé: estaría en segundo o tercer grado, y un chico me preguntó si quería ser su novia, y le dije que lo tenía que pensar, porque creo que era lo que se estilaba en ese momento, tener que pensarlo. Cuestión que le dije que sí, y me trajo un regalo, carísimo, diez pesos le había salido, que en ese momento para mí era como un plazo fijo en Suiza, y todo de su plata, que había ahorrado y decidido gastar en mí.
Y hoy me lo acordé, así, de la nada. Y está todo bien con que Mabel mueva cajas de recuerdos cuando duermo, pero que deje una así, tirada en el medio de levantarse y lavarse los dientes y todo lo que tengo que hacer hoy, no me parece. Los recuerdos no se dejan por ahí tirados. Se pueden romper.

2 comentarios:

Decimeló, decimeló... Esperá que me siento. Ahora sí: decimeló.