jueves, 25 de marzo de 2010

Me encanta -ME ENCANTA- acariciar tu nombre con mis labios

Ni me la nombrés, dice Mabel a los gritos, que con la jodita ésta parece que aprendió a hablar y cómo. Ni verbalicés su nombre, qué digo nombre, si es un gualicho, un gualicho esa mujer.
Así que no la llamés, porque en cuanto tu boca dice sus formas, ya estás engatusada. Y ahí ya no hay vuelta atrás, me escuchás, ni el Gauchito Gil te salva. Mejor llamate a silencio, me pide con esa actitud medio mezcla de estar de vuelta y de ni haberse molestado en salir que siempre tiene Mabel, porque ese nombre es pronóstico de tormenta. Así que sacátelo de la cabeza, ni lo pensés, mirá, porque lo estás pensando y ya está acá. Es una realidad, tan presente como nosotras.

Y yo jurándole que nada que ver, que deje el cuchillo porque estamos solas: no hubo invocación.

Qué hipócrita que soy: si igual estás todo el tiempo.

4 comentarios:

  1. Ay Mabel, Mabel, respirá querida!
    Y quedate tranquila que yo tmb, con suerte, espero 5 mins antes de hablarle. Jajaja qe capas! Saludos sritas!

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  2. Me hace acordar al cuento Zen en el que el maestro le dice al discípulo que se interne en el bosque a meditar, pero debía pensar en cualquier cosa, excepto en monos. Obviamente, lo único que ronda por su cabeza, terminan siendo los benditos monos!
    Y uno, que sabe que hay cosas que son nocivas y nos hacen daño, seguimos regodeándonos en el barro, como si fuera un mal... necesario(?)
    Salute!

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Decimeló, decimeló... Esperá que me siento. Ahora sí: decimeló.