miércoles, 8 de junio de 2011

autodisolución en dosis homeopáticas

A menudo temo, Doctor Fernández, que esta celda sea mi último destino. Que esta situación insostenible se sostenga, imprevisiblemente, contra toda estadística; que mis pupilas se acostumbren a las penumbras, se hagan una con la oscuridad; que mi piel se funda con el paisaje y yo haya sido y nada más. Ser testigo de que no quede nada de mí, excepto mi vacío.
Ya sé lo que está pensando: usted cree que puedo sencillamente dar un paso y liberarme. Usted es un hombre simple, Doctor Fernández. Y yo también lo sería, si no sintiese el peso del vacío invadiéndome, sujetándome. Nada sujeta como el vacío. No se imagina cuánto me empuja a la inmovilidad: la gravedad de mi ser definiendo mis límites, conteniéndome en mi jaula inerte; no sabe, no podría saber, cómo me convierte en un animal, un animal temblando en la oscuridad inmensa de mi adentro. Si usted escuchase, como yo, mis pensamientos retumbar mil veces en la humedad fría de mis rincones, entendería por qué ir desvaneciéndome me intensifica. Y entonces comprendería por qué sólo pueden rescatarme mis palabras, por qué las persigo desesperadamente, por qué me desvela articularlas, por qué mi máxima condena es verlas deshacerse en mis manos, en mis labios, escurrirse en un grito mudo de socorro. Socorro, Doctor Fernández: el silencio me devora, me castiga, me aterroriza con la amenaza de convertirse en mi único lenguaje. Y entonces en qué me convertiría, Doctor: en una criatura inarticulada, sin calor, sin alma; una consecuencia del tiempo y nada más.
A menudo temo -me aterra- que este silencio sea permanente. Ya lo sé, no hace falta que lo diga. Pero qué tal si no; qué tal si algo pasa antes, Doctor. Qué tal si me muero sola.
Sin yo siquiera.

12 comentarios:

  1. morirse sin uno, qué triste!


    extrañábate!

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  2. Nada sujeta como el vacío.

    Justamente el otro día pensaba en algo muy similar.

    (El otro, y el anterior, y el anterior y así.)

    Y no, me resisto en visitarlo a Fernández.

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  3. Se te extraño por estos lados Mabel!
    El miedo es horrible, hay que buscar refugio en algo y tratar de superarlo.

    (Amo la canción de Glee)
    Que andes bien

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  4. Hace muy poquito tuve un miedo parecido, pero no me hubiera salido traducirlo en palabras tan exactas: "el silencio me devora, me castiga, me aterroriza con la amenaza de convertirse en mi único lenguaje".
    Muy identificado con eso.


    (Ya que volviste a escribir, te dejo un regalo en mi blog... tómalo o déjalo).

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  5. mabel, es fabuloso!
    y es en negativo textual si... pero no tanto, eh? ahora te voy a mandar algo y veras.

    tu forma de escribir es sencillamente brillante.
    (dijiste lo que me salio decir al reves!)

    besos

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  6. Que bueno está eso de "DECIR", que bien me ha hecho percibir la vibración de estas palabras, de alguien que las ofrece como resistencia al silencio.

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  7. Ay! No pude terminar de leerlo... prometo volver pero ando caminando por esta cornisa y leer ciertas cosas que distraen hacen que uno caiga, vio? jajajaja!

    Beso

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  8. Mi lista de lectura recobró la genialidad, Mabel is back.

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  9. Extrañaba esa forma de escribir, AY MABEL! como la extrañé! usté no sabe! Cambié de usuario en twitter y Blog, me unfollowió! Ya no me quiere mas Mabel!? KARINAAA por favooor!!!!!!

    PD: Que bueno que está de vuelta, gracias por tanto (?) Perdón el exabruCto

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  10. Tranquila, no sucederá.
    Me alegra que hayas vuelto a estas lides.
    Salud

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Decimeló, decimeló... Esperá que me siento. Ahora sí: decimeló.